Publicación Artesanal sobre Cultura Popular

Un reflejo cerca de la zona entre la luz y la sombra.

Antes de empezar
Advierto de antemano que en este artículo habrán lo que se podría llamar SPOILERS, por lo que le recomiendo que, si no ha visto  Black Mirror completo, pasar a otro artículo, ver las serie y después, disfrutar cómodamente la lectura.

Las semejanzas o relación entre estas dos magníficas series son evidentes. Para empezar, es evidente que cada historia es totalmente individual, no se ocupa conocimiento previo para entender completamente lo que ocurre -o más bien, lo que se nos permite entender-, pues muchas veces, es hasta el final de la historia que todo adquiere sentido y se explica por si mismo (como en el caso de, en TZ, de “The Invaders“, “The Howling Man“, o “The After Hours“, en su mayoría disponibles actualmente en youtube). En Black Mirror, podría decir lo mismo de “White Chrismas”, “White Bear” o “Metalhead“. Sin embargo, me inclino a pensar que en “Black Mirror“, muchos elementos están conectados. Existen muchos textos que señalan sus conexiones. Pero eso será tema para otro artículo.

Ambas series, en su respectivo contexto historico, son de lo más inteligente y creativo que se puede encontrar para su época. “The Twilight Zone” hizo escuela en su momento. Las cadenas competidoras a CBS, crearon sus versiones, aunque tuvieron su éxito, jamás lograron alcanzar el éxito de la original. Siempre he pensado que la copia más descarada fué “The Outer Limits“, producida originalmente por la cadena ABC, pero jamás logrando ni la belleza ni el impacto logrado por Serling y sus muchachos en la CBS.

Una, por un lado, es mucho más abierta en lo que respecta a su temática. Sus historias oscilan entre la fantasía, el horror, la ciencia ficción, pasando por múltiples variaciones: o incluso, mezclándo enfoques y géneros de una manera magistral, hacíendo que sea incluso muy dificil el conceptualizar de forma exacta a que área realmente pertenecen. He usado la máxima creación de Rod Serling para referirme a “Black Mirror“, como un referente, como algo que inspiró o tuvo alguna influencia en su creación. No sostengo que Charlie Brooker haya querido hacer la “Twilight Zone” del Siglo XXI, pero si me atrevo a decir que es lo que más se le acerca conceptualmente, aunque esté más orientada a la relacion del individuo o la la colectividad con esos espejos oscuros que nos miran desde los dispositivos con los que convivimos constantemente: llámeseles computadoras, pantallas, tabletas, teléfonos móviles; es decir con la tecología. Y tanto de una manera abierta -en lo que corresponde a su formato narrativo- asi como en que buscan sorprender con novedosas historias al espectador.

Claro está, a la luz de estos días, se puede ser más explícito en conceptos de naturaleza sexual, o violencia, o el uso de drogas; elementos que nunca formaron parte de las historias narradas a través de cinco temporadas durante la década de los sesentas, convirtiéndose en clásicos. Tal ha sido su legado que, ha sido usado y parodiado en series como Los Simpsons y muchas más.

Es ahora que igualmente contamos con el uso de los CGI y demás tecnologías con las que Serling no contaba para hacer más gráficas sus historias ( e igualmente sospecho, que él no le interesaba hacerlo tampoco), cosa que ahora si podemos ver en cualquier programa. Y aquí no es la excepción: podemos ver momentos donde corre la sangre, bien rojita, en la pantalla, haciéndo que uno se estremezca, como en el caso de “The Whole History of You“. Me aventuraría a afirmar -depués de leer un par de libros sobre el tema- que el interés de Serling y sus compinches era más tener un dominio completo sobre las emociones del televidente, para, en el momento oportuno, darle el gancho psicológico del punch del final, que siempre era inesperado. Esto, es más difícil que escandalizar con cuestiones explícitamente evidentes, como se logra en la mayoŕía de los casos en los días que corren. Y no quiero decir con esto que las historias de “Black Mirror” no dejen de ser desconcertantes por el elemento gráfico. Simplemente sostengo que, estamos en otros tiempos, y ahora a los creadores tienen a disposición la tecnología para plasmar de una forma más completa sus visiones. Sin embargo, en el caso de “Black Mirror”, esto es un plus: sus historias -o en su mayoría- logran desconcertarnos. Es innegable que están más cerca de nuestros acutales temores y demonios.

Black Mirror“, siendo más actual, se enfoca más en una oscura mirada a la relación del hombre con la tecnología, viendo esta no siempre como una aliada, más aún calculando las posibilidades de que sus alcances se salgan de control. Y al salirse de control, afectan de una manera pesadillezca la existencia de sus usuarios. Eso rara vez tiene un “final felíz”. Me aventuraría a decir, después de ver todos y cada uno de los episodios de la serie creada por Charlie Brooker, que sólo un episodio tiene realmente un final que uno pudierar decir abiertamente que es “y vivieron felices para siempre”. En su gran mayoría, pasa lo opuesto. Y en muchos, es completamente ambiguo. Se podría decir que termina bien, pero no sin dejar un sabor amargo en el espectador.

Lo que siento es que, –y lo digo como algo completamente subjetivo– siento que la serie llegó a un punto donde se marcó una sutil y progresiva decadencia. Para mi, esta comienza con la cuarta temporada. Me explico: las primeras dos temporadas, son simplemnte impecables, asi como el especial “White Christmas“, que marca el final de la serie como propiedad del canal británico Channel 4. La tercera temporada, ań siendo ya propiedad de Netflix, contiene capítulos que todavía considero hermosos, como “San Junípero” o mi gran favorita, “Hated in the Nation“. Sin embargo, ya en cuarta entrega, el material comienza a no ser tan de mi gusto. De hecho, sólo “Arkangel” y “Metalhead” son de mi total agrado. El resto lo siento de relleno. Y la quinta y última temporada, es realmente vergonzosa. Tres episodios, a cuál más aburrido y poco creativo. Afortunadamente, sólo son tres episodios. Y olvidaba el experimento que hizo Netflix como un episodio interactivo: la idea me parece que pudo tener potencial, si la historia hubiera sido más cautivante. Le faltó demasiado no se ni que, para levantar vuelo. Y no deja de ser un tanto aburrido. Por no decir bastante, sin contar lo predecible, es decir, perdiendo en un sentido valiosísimo, la esencia y efectividad de su discurso.

Me parece muy decente que hayan cerrado el chinamo en este punto. Quizá los creadores fueron concientes de que la cosa no encaminaba a buen puerto y decidieron ponerle el candadito. Ya la cosa no era lo mismo y siento que su esfuerzo por innovar, esta vez, hizo que les saliera el tiro por la culata. Charlie Broker debe tener muy claro que el ciclo de vida del show, llegó a un final. No tan felíz como el que yo pensé que tendría cuando lo conocí, siendo este aún propiedad de Channel 4. Pero si, sería mucho más digno olvidando esa terrible última temporada, donde lo poco cautivante de sus episodios, se convirtió en común denominador. Pero quien sabe…la televisión siempre, nos presenta joyitas.

Lo único es saber buscarlas.