Con la frase “I was cured alright“, termina “La Naranja Mecánica“, tanto en su versión cinematográfica dirigida por Stanley Kubrick como en las ediciones norteamericanas de la novela de Anthony Burguess previas a 1986. Sin embargo, existe un capítulo adicional, el 21, que solo apareció en la edición británica y en versiones posteriores. Este capítulo aborda el tema del Libre Albedrío en La Naranja Mecánica, ofreciendo una perspectiva más profunda sobre la madurez y las decisiones humanas.
El Capítulo 21: Una Prerrogativa a la Juventud
En este capítulo casi apócrifo, Burguess describe a Alex como un joven que reconoce su inmadurez y desea un futuro diferente. Este momento es crucial, ya que proporciona una moraleja menos ambigua y reflexiona sobre la capacidad humana para tomar decisiones. Sin esta capacidad, no somos más inteligentes que el ancestral Moon-Watcher de la novela de Clarke.
La Importancia del Libre Albedrío
El Libre Albedrío en La Naranja Mecánica es el tema central de la obra. Aunque ni Burguess ni Kubrick lo mencionan explícitamente, es evidente que la capacidad de elegir es lo que nos hace humanos. Alex, al final del capítulo 20, afirma estar curado, pero no está claro si ha recuperado su humanidad o simplemente ha sido condicionado.
Escenas Clave y Reflexiones Éticas
Dos escenas destacan la importancia del Libre Albedrío en “La Naranja Mecánica”. En la primera, un sacerdote advierte a Alex sobre los peligros de un tratamiento basado en estímulos y recompensas, enfatizando que la bondad debe venir de dentro. En la segunda, el capellán protesta contra el tratamiento de Alex, preocupado por la creación de ciudadanos incapaces de tomar decisiones éticas.
El Tratamiento de Alex
El tratamiento de Alex consta de dos partes: la administración de una droga que le causa sensaciones desagradables y la proyección de imágenes violentas. Este método busca desarrollar una aversión a la violencia, pero plantea preguntas sobre la ética de manipular el comportamiento humano: destuye su capacidad de tomar decisiones éticas y lo hace escoger el “bien” mecánicamente.
Y algo que siempre he pensado desde la primer vez que ví la película, cuando tenía apenas 15 años, es que para este momento, a raíz de lo que ocurrido, ya no era un ser humano: ya no decidía. ¿Es esto lo que se plantean algunos regimenes póliticos, cuando se esfuerzan en “rehabilidar” a individuos que no son funcionales socialmente? ¿Es esta una posible solución? ¿Crear máquinas hacedoras del bien?
En lo personal, no creo que esta pudiese ser la solución.
Distopías Paralelas
Burguess no es el único en advertir sobre el control estatal. Aldous Huxley, en “A Brave New World”, nos presenta una sociedad aparentemente perfecta, donde los individuos son condicionados desde su nacimiento para aceptar su rol en la sociedad. A través de la hipnopedia, se les inculcan ideas repetitivas que refuerzan su conformidad y desalientan cualquier pensamiento crítico. Además, el uso de una droga llamada soma elimina cualquier atisbo de insatisfacción, creando una ilusión de felicidad perpetua. Sin embargo, esta felicidad es artificial, ya que los individuos han perdido su capacidad de cuestionar y elegir libremente.
Por otro lado, George Orwell, en “1984“, nos sumerge en un mundo donde el control estatal es aún más opresivo. El Partido manipula la verdad, reescribe la historia y vigila cada movimiento de sus ciudadanos a través del Gran Hermano. La represión se basa en el miedo, el dolor y la tortura, y cualquier disidencia es eliminada mediante técnicas de lavado de cerebro. Winston Smith, el protagonista, lucha por mantener su humanidad en un sistema que busca anular por completo el Libre Albedrío.
A manera de conclusión señalaría que ambas obras, junto con “La Naranja Mecánica”, exploran cómo el Estado puede manipular a los individuos para mantener el control. Mientras Huxley se enfoca en la manipulación a través del placer y la conformidad, Orwell lo hace a través del miedo y la represión. Burguess, por su parte, nos muestra un enfoque más psicológico, donde la pérdida del Libre Albedrío no solo afecta a la sociedad, sino también a la esencia misma de lo que nos hace humanos.
